Más de ochenta modelos han sido llamados a revisión por los fabricantes en España en los últimos dos años, un hecho habitual en la automoción moderna.
Los últimos acontecimientos en la industria del automóvil han puesto a Toyota en el disparadero por los fallos detectados en los pedales del acelerador de algunos de sus modelos y también por los frenos del Prius. Sin duda alguna en todo el revuelo mediático, auspiciado desde los medios de comunicación de Estados Unidos, ha tenido algo que ver el hecho de que la marca japonesa se haya convertido en el primer productor mundial, superando en los últimos años a Ford y General Motors, los dos gigantes americanos.
Resulta además sorprendente que sea precisamente Toyota, una de las marcas que gozaban de mayores índices de fiabilidad en todos los estudios hechos por organismos independientes, la protagonista de este hecho.
La alarma ha saltado en el colectivo de automovilistas, a pesar de que este tipo de incidentes no son nuevos e incluso en tiempos pasados ha obligado a otras marcas a retirar coches del mercado o, como el caso de Ford, a sustituir los neumáticos de algún todoterreno del mercado americano, además de pagar cuantiosas indemnizaciones por los accidentes causados.
Las llamadas a revisión por parte de los fabricantes no son hechos aislados y, tal y como hemos podido comprobar, más de ochenta modelos distintos han sido llamados a pasar campañas de revisión en los últimos dos años. No se puede decir que sean marcas de un mismo perfil las afectadas, lo cual prueba que es un problema común a todas ellas.
Lo que sí ha cambiado es la postura de los fabricantes ante estos hechos. Hace unas décadas, el ocultismo era la práctica habitual ante un problema de este tipo, pero poco a poco los derechos de los consumidores han ido ganando terreno, sobre todo auspiciados por las cuantiosas indemnizaciones que los jueces americanos impusieron a muchos fabricantes tras los accidentes sufridos con sus coches.
Actualmente, las marcas optan por las campañas, que intentan llevar con la máxima discreción. Detectado un fallo, se comprueba cuáles son los vehículos afectados y se envía una carta a sus propietarios para que pasen por el concesionario correspondiente a revisar el vehículo. Muchas veces ni se informa del origen del fallo ni, mucho menos, de sus posibles consecuencias.
Para que se produzca un problema masivo en algún sistema de un nuevo automóvil tiene que haber fallado alguno de los tres pasos que los fabricantes efectúan antes de validar la calidad de uno de sus productos. El primer paso es el diseño, aunque generalmente es en el segundo estadio del desarrollo, el de la producción, donde se producen la mayoría de los problemas. La producción es en el momento en el que se intenta abaratar costes y en muchas ocasiones esto se consigue mermando la calidad.
A pesar de ello, antes de lanzar un vehículo a la calle, los prototipos pasan por largos períodos de pruebas y ensayos en condiciones extremas. En esta fase se detectan numerosos problemas que son corregidos antes de llegar a la producción en serie. Solo los fallos que no saltan a la luz en esta fase acaban después causando los problemas a sus ocupantes, como los últimos casos de los aceleradores de Toyota.
En los últimos tiempos, los fallos en la electrónica, que controla la mayoría de los sistemas fundamentales del automóvil, son más numerosos, frente a los mecánicos, cada vez más fiables gracias a los nuevos materiales.
Una red de alertas para estos casos
Desde las asociaciones de consumidores se exige de los fabricantes más transparencia e información y al mismo tiempo también se pide que el Instituto Nacional de Consumo (INC), dependiente del Ministerio de Sanidad y Política Social, se activen redes de alerta en estos casos, como ya sucede en los Estados Unidos, donde los consumidores son advertidos en su propio móvil con mensajes SMS o por correo electrónico de los posibles problemas de los productos que consumen o utilizan.
El problema de los sistemas por los que habitualmente comunican los fabricantes de automóviles sus campañas de revisión es que las cartas que dirigen a los propietarios no siempre llegan a su auténtico destinatario. Muchos coches han sido transferidos ya a un segundo comprador y en otros casos son coches de compañías en las cuales el propietario no es una persona física o no es el conductor habitual, y así se pierde la información.
Revuelo mediático
En el caso de nuestro país, las últimas campañas detectadas, están informando a los conductores afectados desde la propia Dirección General de Tráfico y desde las páginas web de las marcas afectadas, que proporcionan información sobre los vehículos que deben pasar la pertinente revisión para poder circular con todas las de la ley.
Pero incluso, en casos de gran revuelo mediático, como los que estamos viviendo estas semanas, son muchos los conductores que no se enteran de que su coche está afectado por un problema y siguen circulando sin pasar la correspondiente revisión.
De la pancarta a internet
La imagen del automovilista descontento hace apenas una década era la de un coche aparcado frente al concesionario de turno con una gran pancarta en la que su propietario expresaba, con tonos que iban desde lo imaginativo hasta lo soez, lo malo que le había salido su coche. La técnica de guerrilla ha cambiado e Internet proporciona ahora un potente altavoz a la hora de expresar las quejas y, además, sale gratis. En los últimos tiempos las páginas de usuarios descontentos reúnen millones de visitas y ya se puede decir que hay una dedicada a cada modelo de los que están en el mercado, porque de la plaga de la crítica anónima y gratuita no se salva nadie. Peugeot fue una de las marcas que sufrió con más rigor el acoso del cibernauta descontento con su coche.
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