Del acoso a Jacinda Ardern a los negocios del marido de Sturgeon, los últimos líderes en dimitir

Iago García
Iago García REDACCIÓN / LA VOZ

ESPAÑA

António Costa, en una imagen de archivo.
António Costa, en una imagen de archivo. Europa Press / Contacto / Lev Radin | EUROPAPRESS

El portugués António Costa asumió en primera persona las presuntas corruptelas, no demostradas, de un colaborador

29 abr 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

La lista de líderes políticos que han renunciado a su cargo precipitadamente y no necesariamente por no ser escogidos en procesos electorales es extensa. El designio de las urnas los aupó en su día al poder. Y el poder conlleva gran responsabilidad, estrés e, incluso, tentaciones espurias. En muchas ocasiones no hace falta ser acusado directamente de corrupción para abandonar el cargo, es suficiente con que estén salpicados colaboradores próximos, como ocurrió recientemente en Portugal con António Costa. A veces es la pareja quien se enriquece metiendo mano en las arcas del partido, la que provoca la renuncia, como en el caso de la escocesa Nicola Sturgeon. Y en otras ocasiones simplemente es el cansancio derivado de ser el máximo representante de un país el que provoca, como fue el caso de la neozelandesa Jacinda Ardern, el que lleva a apartarse bajo el pretexto de «no me queda energía». Repasamos, una a una, las renuncias de líderes políticos más sonadas de los últimos tiempos. 

António Costa, Portugal, 2023

El ejemplo del país vecino es muy reciente y guarda ciertas similitudes a lo que le ocurre al gobierno español actualmente con el caso Koldo. Miembro del partido socialista (PS), fue alcalde de la capital, Lisboa, entre 2007 y 2015. Ese último año es nombrado primer ministro, cargo en el que se mantiene hasta el pasado mes de noviembre. Dimite después de que la Fiscalía lusa abriera una investigación contra miembros de su Gabinete, a los que acusaba de corrupción, prevaricación y tráfico de influencias. «La dignidad del cargo es incompatible con la apertura de una investigación. Mi obligación es también preservar la dignidad de las instituciones democráticas», detalló en su adiós. Las acusaciones se han difuminado con el paso del tiempo, hasta el punto de llegar a señalar el Tribunal de Apelación de Lisboa que los hechos «no son, por sí solos, integradores de ningún tipo de delito». 

Nicola Sturgeon, Escocia, 2023

Otra líder europea ha visto en los últimos meses truncada su carrera política. Sturgeon, la primera mujer escocesa en ser líder del Partido Nacional y ministra principal del país, se vio salpicada por un escándalo que afectó a su pareja. En el poder desde 2014, en febrero del año pasado el rostro del independentismo escocés dimitía. Lo hacía para que su partido buscase una «cara nueva» después de que fracasasen sus intenciones de convocar un nuevo referendo independentista y de la tramitación de una ley trans que rechazaron miembros de su propia formación. Sin embargo, el pasado junio, fue detenida a raíz de una investigación sobre las finanzas de su partido junto con su marido, Peter Murrell. Está bajo lupa un gasto irregular de 600.000 euros en diferentes campañas proinpendentistas realizadas por su partido. 

Leo Varadkar, Irlanda, 2024

Hace un mes, el líder irlandés Leo Varadkar, al frente de un Gobierno de coalición, anunciaba su marcha aunando motivaciones tanto «personales como políticas». Las políticas, basadas en derrotas parlamentarias al no conseguir la aprobación para llevar a cabo dos referendos. Uno para modificar partes de la Constitución y otro encaminado a modernizar el concepto de familia adaptándolo a nuevas perspectivas de género. El conservador militante del partido democristiano Fine Gael dejó su formación tras un «examen de conciencia» alegando que otro estaría en «mejores condiciones» para resultar elegido: «no me siento la mejor persona para ese cometido». 

Ardern, Nueva Zelanda, 2023

En enero del pasado año, Jacinda Ardern convocó a los medios para una renuncia que consumaría un mes después. «Soy humana, los políticos somos humanos. Lo damos todo, todo el tiempo que podemos. Y entonces llega la hora. Para mí, ha llegado la hora», dijo a sus 42 años y a ocho meses de las elecciones generales en Nueva Zelanda. El desgaste propio de una responsabilidad presidencial hacía mella en su ánimo: «Ya no tengo suficiente energía para desarrollar el cargo como es debido». El anuncio sorprendió al país y a su partido, el laborista, después de que en octubre del 2020 la política arrasase en las urnas consiguiendo la primera mayoría absoluta en Nueva Zelanda desde 1996 por una gran gestión de la pandemia. Sin embargo, el galopante aumento de la inflación y el coste de la vida habían mermado su popularidad, cuestiones que obvió. Argumentó que quería centrarse en su hija Neve y contraer al fin matrimonio con su prometido. No era la primera vez que demostraba que la familia para ella era lo primero. Al igual que hiciera la santiaguesa Carolina Bescansa en el Congreso, la neozelandesa llevó a la sede de la ONU a su bebé durante una Asamblea General del organismo internacional. 

Sanna Marin, Finlandia, 2023

La candidata a ser reelegida primera ministra en las urnas finlandesas el pasado abril y presidenta del Partido Socialdemócrata, Sanna Marin, cosechaba más escaños que en el 2019 en los comicios, 43 frente a 40. Un resultado que, sin embargo, impedía reeditar la coalición gubernamental que encabezaba en favor de un gobierno de derechas. Una victoria contaminada por la campaña mediática de acoso que sufrió desde que en la pandemia se difundiese un vídeo, grabado en una fiesta privada en la residencia oficial, donde se veía a la joven líder, que entonces tenía 34 años, bailando. Aunque entonces dio explicaciones y se justificó con un «soy humana, en medio de estos tiempos oscuros yo también extraño a veces la alegría, la diversión y la luz», no poder seguir gobernando y la llevó finalmente a renunciar a la vida política. Actualmente trabaja como consejera estratégica para el Tony Blair Institute for Global Change, fundado por el ex primer ministro británico.

Una trama de «House of cards» usaba una dimisión como táctica 

Las series audiovisuales sobre política son muchas. Si hay un personaje especialmente recordado en producciones de este tipo es el de Frank Underwood, que interpreta Kevin Spacey en House of Cards. Siguiendo la filosofía de Maquiavelo, la de que el fin justifica los medios, moverse en las esferas de poder es su principal cometido. En su segunda temporada Underwood utiliza la amenaza de la renuncia como una estrategia política, influenciando a compañeros y rivales con una posibilidad que no llega a producirse y que, sin embargo, le permite recabar apoyos y lograr sus objetivos. Más adelante, ya siendo presidente de EE.UU., trasladaría a la Cámara estadounidense una moción de confianza ante el acoso judicial que sufría por una operación militar fallida.