Juan José Calvo elabora con esos frutos desde una lámpara para los guateques hasta figuras de La Pasión
Cualquier cosa que se le ocurra, todo es cuestión de imaginación y también de paciencia y buenas manos. Juan José Calvo Freijo, Pipo, es un apasionado de las calabazas, fruto que cultiva en su Campañó natal y con el que realiza todo tipo de manualidades.
Su afición le viene desde muy pequeño, cuando acudía con su padre a la antigua y pujante feria que se celebraba cada 25 de marzo, en lo que hoy es Glorieta de Compostela, junto a la antigua capilla de la Virgen del Camino. «Meu pai facía mangos -recuerda- para legóns e machadas e os traía a vender. Era unha feira moi importante, que foi decaendo. E entre outras moitas cousas había calabazas, que tamén levaba meu pai e a miña tía».
Ya de mayor y desaparecida la feria seguía recordándola y por esas fechas «colgaba nos arcos da Ferrería unhas calabaciñas que cultivava». Y cuando el Concello decidió rescatar esta antigua tradición, se puso en contacto con él, que ayudó desinteresadamente en su resurgir, haciendo, incluso, los puestos en los que se vendían las plantas, que los hacía de caña de bambú.
Su afición a las manualidades le llevó a decorar y «tunear» infinidad de ellas y es que su imaginación no tiene límites. Recuerda riendo, la época de los guateques de su juventud y el sucedaneo de lámpara de discoteca que se montó en su propia casa. «Fixénlle uns buratos a una calabaza e forreinos con aqueles papeis de cores en que viñan envoltos os caramelos. Logo, metín unha lámpara dentro e xiraba para un lado e para outro, salindo luces de cores. E a bailar».
Pero también realizó otras muchas cosas como «unhas meigas que me mercou o dono do bar O Cortello, xunto a Santa María, e que aínda están colgadas na parede».
Sus muchos años de experiencia le valieron para realizar varias exposiciones, como las realizadas en Campañó y en el Albergue de Peregrinos. «Teño calabazas-puzle, e de temas da Pasión e da Biblia, sobre a crucifixión».
Pero una de sus favoritas fue la que le regaló a su mujer, María Luisa, «que ten un habitáculo e unha chiminea». Además, hace muchas con mensajes, «con frases e cousas miñas», reconoce con modestia, la misma que exhibe al ofrecerse a cualquier colegio o colectivo para explicar tanto el ciclo del cultivo y recogida, como su decoración.
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